¿Qué es el Hambre Emocional?:

¿No os ha pasado que de forma inesperada queréis comer dulce? O ¿Qué empezáis a comer y a comer y no podéis parar hasta sentiros llenísimos? O los antojos, los ascos…y otras veces, sentís que se os cierra el estómago…

Para poder empezar a explicar esto vamos a distinguir entre dos tipos de hambre:

Hambre fisiológico (HF):

– Se siente de manera gradual: Quizá comienza con un pequeño malestar en el estómago, como si se encogiera, una sensación incómoda en la cabeza. Mira a ver cómo lo sientes tú. O quizá, ¿ya no te acuerdas de cómo se siente? Si es así, puede que estés teniendo, desde hace tiempo, una ingesta emocional de comida.

– El HF a veces es celular y se puede traducir igualmente en antojos o querer un determinado alimento de forma impulsiva. Si has hecho mucho ejercicio físico y necesitas reponer minerales, entonces te puede apetecer plátano o algún zumo fresco. O si estás con gripe es posible que solo te apetezca caldo de pollo y un vaso de leche calentita.

-El HF puede esperar. ¿Cómo te sientes cuando hay un poco de hambre, cómo te sientes cuando hay muuuuuucha hambre y cómo te sientes cuando no hay hambre? A muchos nos cuesta convivir con la sensación de hambre, solo que si esperamos un poco, podemos averiguar qué tipo de alimento necesitamos, o si es hambre o sed….o si lo que queremos es un abrazo o hablar con alguien.

– El HF está abierto a varias opciones: Es menos caprichoso, cuando hay hambre real, una manzana es una buena opción.

– Cuando hay HF estar satisfecho es suficiente: Hay consciencia de saciedad. Puedes parar una vez satisfecho y no te vuelve el hambre a la media hora.

HF no genera sentimientos negativos: No me siento culpable por darle alimento a mi cuerpo. Si no todo lo contrario, te inunda un sentimiento de satisfacción  y puedes fácilmente pasar a otra actividad.

Hambre emocional (HE):

– Es repentina: De pronto conecto con una idea, no hay tanto sensación física, es más bien un sentimiento….“Me apetece un helado…..Hoy me tomaría una pizza….tengo tanto estrés que un poco de chocolate me vendría bien…” surge como una incomodidad emocional o mental que conecta directamente con la necesidad de ser saciada y quizá el alimento no es lo que se necesita.

– Es urgente: Llega como un impulso por lo que hay que actuar al instante. Vamos a pedir un Telepizza……Voy a la máquina a por un snack…..No me aguanto, bajo a por burguer, busco por todos los cajones de la cocina y parece que no está lo que necesito…

– Deseo comidas específicas: Comida china, burguer, chocolate, cacahuetes, conguitos, chuches, donuts, patatas fritas…Quizá por el recuerdo de que cuando me sentía de una u otra manera éstos me ayudaron a calmarme. Hay que distinguirlo del hambre celular.

– No soy consciente de mi saciedad: aunque esté lleno, puedo seguir comiendo hasta encontrarme mal física y psicológicamente.  Incluso me da hambre después de haber comido.

– Provoca sentimientos negativos: Al final, siento vergüenza, culpa, pesar, me prometo no volver a hacerlo, me cuesta hablar de ello, me oculto, me escondo…

El hambre emocional trata de saciar con alimento, necesidades relacionadas con personas o situaciones, con necesidades de auto-cuidado, de crecimiento y de desarrollo. Y es que para cada hambre disponemos de un tipo alimento.

Alimento en el plato para el hambre fisiológica: La buena comida y saber qué necesita nuestro cuerpo en cada momento es fundamental para estar nutridos. Distinguir el hambre de comida de la sed. Consumir productos de calidad y de temporada. Alimento ecológico y tener un consumo sostenible con nuestro estilo de vida y con el planeta.

Alimento relacional para el hambre emocional: Las buenas relaciones con las personas y con nuestro entorno también nos nutren y alimentan. Tratar de que haya equilibrio en todas las áreas de la vida, como el trabajo, la pareja, los hijos, la familia, los amigos, el ocio, la espiritualidad. Nos damos cuenta de que cuando hay un área en la que existen carencias, ésta afecta a todo lo demás. Necesitamos nutrirnos a nivel relacional para sentirnos plenos y sanos.

El hambre emocional y el hambre fisiológica están relacionadas y se influyen mutuamente.  Que nos guste comer es normal y biológicamente funcional, si no nos gustara comer estaría comprometida nuestra salud. De hecho, estudios en personas que han perdido el sentido del gusto o del olfato, demuestran que también hay mucho sufrimiento cuando no sientes placer al comer, y esto trae consecuencias graves como una mala alimentación y desnutrición. Por tanto, que comer genere placer, que nos calme, que nos satisfaga a diferentes niveles es absolutamente normal y necesario.

Otra cosa es que, estemos tapando con comida problemas que no podemos o no sabemos resolver, estemos calmando ansiedad, que estemos sustituyendo una buena relación con amigos, con la pareja, con los hijos o la familia por “unas onzas de chocolate”…

Cuando la comida cumple una función extra, de defensa, de protección, o cuando comemos a causa de emociones que no sabemos o no podemos gestionar, estamos introduciendo calorías vacías que nuestro cuerpo, que no necesita y acumula en forma de grasa. A la larga, genera problemas de salud como la diabetes, tiroides, problemas gastro-intestinales, disfunciones hormonales, alergias, intolerancias, fatiga, problemas psicológicos como depresión, ansiedad, baja autoestima, obsesión, adicción, …y a la vez, se produce un camino de vuelta: Los alimentos producen cambios físicos y emocionales como por ejemplo la resaca depresiva del alcohol, la cafeína genera ansiedad o insomnio, la comida basura mucho cansancio, el azúcar exicitación e irritabilidad para luego apatía y cansancio. También se ha comprobado que dietas restrictivas,  sin un adecuado soporte emocional provocan efecto rebote, como por ejemplo: “si paso una semana con eliminación total de carbohidratos, a la siguiente puedo tener antojo de bollería y pasta. Si tuve una alimentación crudi-vegana en época estival,  en invierno puedo sentir frío y falta de energía”.

De acuerdo a tu bio-individualidad, también debemos tener en cuenta que, para diferentes estilos de vida, edades y condiciones de salud se que requiere un tipo u otro de alimentación y de gestión emocional:

Bio-individualidad: lo que para mi puede ser saludable para ti puede ser un veneno

P.e. tipos de rutinas deportivas necesitan cierto tipo de alimentos: cuando se realiza deporte aeróbico o una actividad en la que se suda mucho, es necesaria una mayor reposición de líquidos, minerales y electrolitos al finalizarlo. La época de embarazo y lactancia en las mujeres necesita apoyo emocional, una mayor aportación calórica  y la ingesta de nutrientes adecuados. No es lo mismo si eres un opositor o si estás en la adolescencia. Si tu personalidad es tranquila o dinámica. Si tienes un trabajo sedentario o eres monitor de tiempo libre. Si trabajas en casa o si sales a una oficina. Si estás en pareja o eres soltero.

Cada persona tiene unas circunstancias especiales y únicas que necesitan un proceso individualizado y a la vez, todos necesitamos gestionar bien nuestras emociones, tener un propósito vital y estar nutridos, por dentro y por fuera, con comida en el plato y alimento relacional, sentirnos queridos, importantes y saludables a todos los niveles.

Si quieres saber cómo te puedo ayudar envíame una consulta aquí. Y te contestaré lo antes posible.

Para saber sobre el Programa Emoción y Alimentación aquí.

 

2 Comments

  1. Pingback: El desafío de comer sano. - Gracia L.O.V.E.

    • Eva Health Coach Respuesta

      Muchas gracias por tu comentario y tus aportaciones!. Qué importante es aprender a gestionar de manera adecuada el estrés y la ansiedad. Un abrazo,

      Eva Health Coach

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