Recuerdo a una chica de 20 años sentada frente a la nevera hurgando en el cajón de abajo, donde estaban los embutidos: jamón, chorizo, queso, lomo….

Abrir y cerrar la nevera, las alacenas, los cajones de la cocina en busca de que algún tipo de alimento me diera la solución, me sacara del aburrimiento, me quitara la ansiedad ha sido una constante en mi vida. No es un gesto raro…a muchas personas que he preguntado les ha pasado o les pasa lo mismo.

Solo que esta imagen emerge en mi memoria cada vez que quiero evocar alguna ocasión en la que he comido de forma muy inconsciente y para calmar emociones incómodas.

Aquella tarde, estaba especialmente nerviosa ya que el chico con el que salía no era claro conmigo, normalmente no se comprometía ni aún para saber si esa tarde estaríamos juntos viendo el partido de fútbol. Típica relación de “indefinición” que suele dejar a uno de los dos colgado en el limbo.

Ahora que lo veo con el tamiz del paso del tiempo me doy cuenta de que me tenía una relación de pareja que no me hacía feliz, que estaba al lado de una persona que no se valoraba a sí misma y, que de forma sutil y no tan sutil, me criticaba.

Por qué me metí ahí…puede que por muchas razones y por ninguna especial: el chico me gustaba, me parecía que tenía una vida interesante (8 años más grande que yo), quizá era una oportunidad de evadirme de otras cosas que sucedían en mi vida…inmadurez…

El caso es que, en ese momento de indecisión, antes de saber si me quedaba o me iba…me escabullí a la cocina de su casa e inspeccioné la nevera de arriba abajo. En el último cajón encontré algo que comer de manera rápida y silenciosa. Había comida en abundancia en esa casa y los fines de semana más, ya que le dejaban solo con la nevera hasta los topes.

Comí jamón, y comí y comí…a escondidas, sentada en el suelo y con la nevera abierta. Después, fui al baño, me lavé las manos y volví a la sala como si nada hubiera pasado… con la barriguita llena y un poco más calmada.

Culpa: en aquella época no sentía culpa… solo estaba incómoda, tenía hambre, necesitaba calmarme…

Ansiedad: no la sentía, pero debí tener mucha ya que estos episodios se repitieron

Miedo: ahora veo que el miedo estaba presente y también una sensación de ser inadecuada.

A día de hoy, muchas personas que vienen a consulta lo hacen porque quieren dejar de sentir esas emociones incómodas, pero sobre todo necesitan una vía para no “pagarlo con la comida”.  Detrás de la ingesta emocional hay todo un universo: la persona, con sus peculiaridades, su historia, creencias, costumbres, hábitos, emociones…la comida es sólo el síntoma de algo más profundo, como la fiebre puede ser el síntoma de una infección.

En muchas conversaciones que mantengo con colegas y clientes el tema de la relación con la comida suele ser habitual. El tema es tan cotidiano como que comer es cotidiano pero es que comer es necesario. No puedes dejar de comer, porque si no mueres. ¿Cómo dejar de acudir a la comida para calmarte, si tienes que seguir comiendo obligatoriamente porque es necesario para tu supervivencia?. Muchos clientes me dicen, es como si me pides que deje de fumar y siga fumando…

El acceso a la comida, en estos tiempos que corren es tan fácil y barato que la tarea de desenganchar la gestión emocional de la comida a veces resulta arduo y complicado.

Fácil: casi siempre la comida está en la habitación de al lado, en la máquina de la oficina, en el super de la esquina, en la nevera bien refrigerada. El acceso a una carne de vaca, sin piel, desinfectada, cortada, desangrada y envasada consiste en un clic de tu dedo índice en una app de tu móvil, sin levantarte del sillón más que para abrir al repartidor de Amazon.

Nunca fué tan fácil hacer la conexión entre: (me encuentro mal) + (como algo rico, rápido, fácil y barato) = CALMA

Ya pasó el tiempo en el que teníamos que ir a cazar para comer carne, ser picados por decenas de abejas si queríamos saborear la deliciosa miel, esperar a que llegara el verano para comer fruta, navegar cientos de millas para capturar algunos peces.

Y nunca antes fuimos más sofisticados que ahora, con nuestra complejidad emocional, preguntándonos el sentido de la vida, cuestionándonos nuestro propósito…elevando nuestros niveles de consciencia. Y nunca hubo antes, tanta tipología de trastornos y enfermedades mentales en los manuales de diagnóstico.

Volver a la esencia de mi ser, entender que soy cuerpo y mente en interacción, consciencia, subconsciente e inconsciente. Sentimientos y emociones. Materia, espiritualidad y energía. Pensamiento y lógica. Instinto y raciocinio. Todo ello, integrar mi existencia con el mundo, con los otros seres, con la historia, me ayuda a situarme y a calmarme. Me ayuda a crecer y desarrollarme, me ayuda a dejar las soluciones de un clic a un lado y apostar por el camino.

 

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